El estándar internacional

El estándar internacional

Es un error profundo creer que el asunto del Estándar es cosa nueva.

Yo soy colombófilo activo desde 1904, pero antes tenía un pequeño palomar en la granja de mis abuelos. Constituía el séptimo construido en las dependencias de dicha granja. Uno para mi abuelo, que también se llamaba Enrique Landrey, uno para mi tío mayor, dos para mi padre y dos para mi tío el menor, que también se llamaba Enrique.

En esta época, los medios de comunicación eran pocos y los precios de los billetes de ferrocarril costaban mucho menos que hoy. Aproximadamente en las 3000 comunas de Bélgica, existían sociedades colombófilas, y por centenares, en las ciudades importantes como Bruselas, Amberes, Lieja o Gante. En la aldea donde nací había más y 150 colombófilos en una población de 1200 habitantes, y las dos sociedades organizaban concursos de hasta 400 Km cada semana. En Bruselas había concursos durante el invierno, es decir, todo el año.

Pero en las localidades del campo esto era muy difícil y en invierno la actividad de los aficionados consistía en organizar exposiciones de belleza, hasta dos y tres veces por semana. En dichas exposiciones era posible apostar hasta 20, 30 francos de oro por paloma. Naturalmente, los pequeños aficionados apostaban solo medio o un franco.

En ningún caso los jueces podían tomar las palomas en sus manos. La clasificación “a la belleza” únicamente se hacía a “la vista” en jaulas cerradas con un precinto de plomo.

Como comprenderán, raras eran las palomas de gran valor deportivo que ganaban un premio contra los especialistas de exposiciones que venían con ejemplares que vivían en pajareras, de donde salían para volar solo una vez por semana y únicamente en tiempo favorable.

Los “ases” de las exposiciones recibían sobre todo granos muy ricos y excitantes como cáñamo, semillas de berza, mijo, girasol y vezas. Eran escogidos entre ejemplares de tamaño superior a la media con lasas y plumas largas.

Por fin, apareció entre los buenos colombófilos una reacción para descartar las palomas imperfectas desde el punto de vista anatómico, pues los defectos sólo se pueden apreciar con la paloma en la mano.

El primer intento vino del Norte de Francia, donde los grandes colombófilos como el Presidente Lero-BéagueLeon FaucompréPablo Sion o Appourchaux fijaron el Lille (1912) un estándar con veinte cotizaciones de cinco puntos cada una. Esta era la fórmula número 1 del Estándar llamado “Francés”.

Poco después en colaboración con los campeones belgas, apareció otra fórmula que se componía de diez cotizaciones a diez puntos.

Después de la Primera Guerra Mundial tuvo lugar en París otra reunión entre mis amigos G. Stassart,Leopoldo Lamote, Arturo Marcial por Bélgica, Alberto Leroy-BéaguePablo Sion por Francia, Ricardo Pantuzzi por Italia y José Fernández Calzada por España.

El nuevo estándar que resultó de sus trabajos estuvo aplicándose hasta la primera olimpiada colombófila que tuvo lugar en Bruselas en el año 1938. Una comisión de jueces de los 14 países extranjeros cambió muy ligeramente la fórmula de 1921, en vista de la segunda olimpiada, la de Colonia (1939), donde triunfó Bélgica con palomas escogidas en todo el país por su servidor y Guillermo Stassart.

Inmediatamente después de la Guerra Mundial, se fundó en Londres la Federación Colombófila Internacional. Sobre mi proposición fue escogido mi difunto amigo Henry Artens en calidad de Presidente y yo en calidad de Secretario General.

La tercera Olimpiada tuvo lugar en Lille y con este motivo tuvo lugar una nueva reunión de expertos franceses, belgas, ingleses y daneses. De dichas reuniones salió otra fórmula que permanece actualmente con la puntuación siguiente:

La paloma vista en la jaula:

  1.  Estética , cabeza, ojo y expresión general:  10 puntos

La paloma cogida en la mano:

  1.  Musculatura y equilibrio 30 puntos
  2.  Esqueleto (esternón y horquilla posterior) 10 puntos
  3.  Espalda, rabadilla y conexión  20 puntos
  4.  Ala, cola y calidad de la pluma 30 puntos

    Total:   100 puntos

¿Qué vale esta fórmula para preciar las cualidades verdaderas de una paloma desde el punto de vista deportivo?
Lo que valen, como jueces, los que son encargados de ponerla en práctica, he escrito en mi último libro “La colombofilia de vanguardia”.

Clasificar las palomas participando en una exposición-concurso y separar una colonia en buenos y malos, son dos ejercicios totalmente diferentes que exigen aptitudes y una rutina totalmente diferente también. El error continuado de los partidarios del estándar consiste en atribuir puntos muy importantes a la belleza de las palomas que nada tiene que ver con el valor deportivo.

Como circunstancias atenuantes tiene las que dan las reglas indispensables cuando se trata de otorgar premios en una exposición. Considerado como una regla clasificar una partida de palomas que todas tienen un mínimo de prestaciones buenas en los concursos, el estándar puede dar resultados satisfactorios.
Comentarios:
En el espíritu de los protagonistas del estándar voy a dar algunas explicaciones sobre los puntos anteriormente enumerados:

La paloma vista en la jaula.

1.    Estética. Se trata de la belleza únicamente. A la apreciación del juez.
2.    Cabeza. La cabeza debe enseñar antes de todo el SEXO. Un macho debe tener una cabeza fuerte, de macho y la hembra una cabeza elegante y fina de hembra y no una cabeza de macho.
3.    Cuello. Cuello de toro corto y fuerte.
4.    Ojos. De un color bien marcado, vivo y lisonjero.
5.    Expresión. Inteligente, expresiva al juez y a cada uno de sus movimientos.

La paloma cogida en la mano.

1.    Musculatura. La paloma tiene millares de músculos pequeños para abrir y cerrar su plumaje. Los músculos del vuelo que pueden alcanzar los dedos del juez son los dos pectorales superficiales que sirven para  bajar las alas. La paloma posee también dos pectorales profundos que alcanzan sus alas y que sólo pueden ver después de haber matado la paloma. Aparecen como láminas entre el esternón y su quilla. Los músculos pectorales deben ser redondos y al mismo tiempo elásticos. Redondos porque son hinchados por el aire en los divertículos de los sacos aéreos que penetran en todas las partes del cuerpo. Elásticos porque no pueden ser prisioneros en la grasa que se puede ver antes de comer una paloma pelada que come demasiado y vuela muy poco.

2.    Equilibrio. Debe existir en todas las partes del cuerpo. Una paloma mal equilibrada no puede volar bien. El vuelo remado es el más rudo medio de locomoción que existe en nuestra paloma de carrera. Para resistir los esfuerzos considerables que exige un desplazamiento rápido en un medio tan difícil y perturbado como el aire, la paloma debe tener un esqueleto capaz de resistir el trabajo considerable y, a veces, de larga duración de los músculos. Al contrario que la columna vertebral del hombre y más aún de los gatos o de las serpientes, la de la paloma puede compararse a una barra de apoyo rígida, formada por vértebras soldadas, salvo las cervicales y las coxígeas que deben permitir una gran  movilidad  de a cabeza a la cola. La delantera está protegida por la coraza del esternón que posee una quilla donde vienen a insertarse los poderosos músculos pectorales que deben mover las alas.

3.    El lomo y la parte que impropiamente llamamos riñón, están protegidas por otra coraza, la que forman todos soldados en uno solo, los huesos de la pelvis y los de la región lumbar y la sacra y que se llama el hueso sacro-lumbar. Para reforzar el tórax y aumentar su rigidez, las costillas están unidas con largos apéndices articulados al esternón. Las clavículas están soldadas en su parte inferior y forman un hueso en forma de U o de V que se conoce como “horquilla anterior”. Contrariamente a los otros huesos, la horquilla anterior parece frágil y delicada, pero es de una gran flexibilidad. Actúa como un resorte cuyas extremidades se alejan y se aproximan según los músculos depresores del ala se distienden o contraigan. Una paloma cuya coraza dorsal ceda a la presión de los dedos o su horquilla no resista la misma presión, poco vale para el vuelo de resistencia ni para el viento de frente.

Algunas palabras a propósito de lo que se llama “horquilla posterior”. Contrariamente a lo que se lee a menudo, jamás pueden ser anchos ni paralelos. Son las varillas en forma de estilete del pubis. Lo que hace su solidez no es ni el espesor ni la rigidez, pues esas varillas son delgadas y elásticas. Su elasticidad depende de los ligamentos que la rodean.
Veamos ahora los huesos más importantes del ala de la paloma.
El ala es un brazo adaptado al vuelo. Las modificaciones profundas que los miembros anteriores han sufrido con ese fin, permiten siempre notar allí como en el brazo humano, el hombro el codo, el antebrazo, la muñeca, la mano y los dedos. Solamente la mano se ha alargado enormemente, los dedos no son más que tres y sólo dos huesos carpianos quedan libres en el puño, los otros tres están soldados a los metacarpos. El juego de las articulaciones permite a la paloma cerrar el ala replegando uno sobre otro brazo, el antebrazo y la mano y desplegarla, enderezando esas tres partes, una prolongando las otras.

El aletazo dado por la paloma lleva la cabeza de ala a ejercer una presión en el sitio donde se articulan el coracoides y la clavícula. El golpe de ala provoca allí simultáneamente un empuje hacia delante y una presión perjudicial hacia el interior. Pero el coracoides, que constituye el pilar del hombro, recibe esta presión y la anula, pues está articulado por el otro extremo, al esternón. Lo que queda de la presión es destruido por la horquilla, formada de la reunión de las dos clavículas y que está unida también al esternón pero por un ligamento elástico.

Así transformadas las extremidades de la paloma (anteriores) se han convertido en excelentes órganos de vuelo, las alas que tienen la forma de hélices y que están provistas cada una de ellas de un juego de palas a la vez muy flexibles, y muy resistentes; las plumas grandes o remeras.

Sólidamente implantadas en la carne y aún en los huesos como lo son las remeras primarias, están unidas entre ellas por un conjunto de ligamentos fibroelásticos que les permiten, ya sea en una superficie que se apoya en el aire cuando el ala baja, o pivotear o dejar pasar el aire al elevarse.

Ya he dicho que los huesos de la paloma son huecos o neumatizados, porque no contienen médula, como los nuestros o los de los grandes animales, sino aire. El peso es el enemigo número 1 del vuelo. Habría que hacer pues, a los huesos a la vez sólidos y livianos, lo que la naturaleza ha hecho, creándolos huecos y uniéndolos de un modo a propósito para resistir todo.

Conferencia pronunciada por M. Landery, con motivo del seminario de jueces, que tuvo lugar en Madrid, durante los días del 9 al 12 de octubre de 1971.

Traducido por Daniel Riera.


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